Entrevista / Autor invitado
Rafael Pacheco Orozco

Entrevista a Emilia Federici de la Cruz

Se presenta y me invita a sentarme, me pide que llene un formulario donde se guarda la información de los estudiantes que reciben tutoría, lo que expresamente hago, y empezamos a hablar. Le explico la situación y el porqué de la entrevista y, aunque dice que no es la persona más “entrevistable” -a lo que siguió una discusión sobre su “entrevistabilidad”-, accede amablemente a concederla.

Con gafas oscuras –debido a su reciente cirugía de catarata-, gabán beige y bufanda de colores, me recibe en la oficina de acompañamiento estudiantil al fondo del pasillo. La acompaña Margarita Sierra, a quien agradezco por ayudarme a concertar la entrevista, y quien pronto se despide para dejarme a solas con la Dra Federici.

RP- Comencemos por el principio, ¿Quién es Emilia Federici?

EF- Esa es la pregunta más difícil, que no me he podido contestar yo misma en la vida. No tengo ni idea, sé que he tratado de ser…bajo el punto de vista de profesión es fácil, porque soy médico, soy genetista, soy docente, me gusta lo que hago, pero como… ¿quién es Emilia? Todavía no lo sé. Creo que voy a cerrar el circuito y todavía no lo voy a saber (risas).

RP- ¿Dónde nació usted?

EF- Nací en Génova, allá pasé los primeros años hasta el año 49, de eso recuerdo de pronto las mejores experiencias de vida, porque fue una vida durante una guerra, fue una vida con ciertas particularidades en todo…por ejemplo ahorita cuando hablan de dieta mediterránea, pues nosotros comíamos dieta mediterránea porque no había carne, entonces el cuento de la lechuga, del tomate, del aceite…

RP- No era por gusto (risas)

EF- (risas) Noo, es que no había sino eso. Mi región es una región preciosa, no es bonita como las demás regiones italianas. Mi ciudad es Génova, no es bonita como las otras ciudades, o sea no tiene la elegancia de las otras, pero es mi tierra, sigue siendo mi tierra.

RP- Y desde muy temprano empezó a vivir acá en Colombia…

EF- Nosotros llegamos aquí en el 49, yo estaba ya en cuarto de bachillerato allá, y entré aquí a finalizar el bachillerato y dos años después entré a la nacional.

RP- ¿De dónde surge el interés de estudiar medicina y genética?

EF- ¿Tengo que ser franca, franca, franca?

RP- Absolutamente (risas)

EF- (risas) Bueno, yo quería ser artesana para mitrales, eso escandalizó mucho a mi mamá, que consideró que los artesanos pues, no era una profesión. Y desconcertó mucho a mi padre porque él quería que alguien de la familia fuera médico. Él siempre tuvo una tendencia a rodearse de personas que supieran de medicina, el resultado fue que, pues me inscribí a la nacional, y creo que fue una época muy buena, dura, políticamente dura…
(…)

Cuando acabé, el último año ya yo estaba casada, y como siempre quise hacer fisiología, llegué a la nacional y me presenté, pero en fisiología no había cupo y me abrieron un cupo en un espacio que en ese momento era anatomía, morfología y histología, cosa de la cual yo no estaba nada convencida, pero me aconsejaron que aceptara el cupo y que después empezara a concursar para entrar a fisiología. Al año de estar entre las placas y cosas que realmente… pues sí tenía compañeras geniales de trabajo, pero pues pocón pocón, se comentó que el Dr Emilio Yunis estaba pasando el laboratorio que tenía en Biología a Medicina y que si a mí me interesaba porque él estaba solo, y entonces entré y al contactar con él, con la visión que el tenia de abrir un espacio nuevo, sobre todo con genética pero ya en humanos, porque el antes trabajaba con Drosophila entonces no era atractivo, pues me enganché. Primero en un espacio de laboratorio que me pareció espectacular, creí con fe de carbonero que estábamos haciendo algo importante, en ese momento, la solución era un cromosoma, que después cuando uno viene a mirar dice: no estoy viendo nada (risas), pero pensábamos que teníamos mucha verdad en la mano. Con el Dr Emilio Yunis se trabajaba duro, era supremamente exigente, y finalmente me di cuenta que tampoco era mi vida, porque me gustaba mucho el contacto con los pacientes, y empecé entonces a hacer consulta. Y pasó un tiempo, trabajamos en el infantil, trabajamos en la cardioinfantil, y en el momento en el que fundaron Bosque, una ex compañera de trabajo, de anatomía, me propuso que viniera aquí.

En la escuela me encontré, en ese momento era escuela colombiana de medicina, me encontré con el cuento de bio-psico-social, y ahí sí me enfrenté a la forma como yo hablaba con el paciente, a la forma como yo entendía el riesgo, tantas cosas que yo decía: no estoy haciendo la consulta que yo quiero hacer. De manera que, finalmente, yo creo que lo que me gustó, gustó de la medicina es la atención con un paciente que tiene un tipo de problemática que es bien difícil de asimilar, es bien difícil de manejar y se asocia mucho a cosas, cómo te digo yo… a la religión, a tantas cosas que para tramitarlas se necesita tiempo. Creo que aprendí… sí, creo que aprendí.

Y al tiempo daba clases, creamos un espacio que yo sigo pensando que fue muy bonito, de fusión con embriología y genética, que sigue persistiendo, que me pareció super interesante. Pero de verdad, verdad, lo que me gustaba era la clínica. Dejé de hacer consulta cuando vino esa reestructuración que había límites de tiempo en la consulta y uno de los administradores me dijo que yo tenía que “abrir la puerta cada 45 minutos” y yo le dije pues que, si usted quiere, déjela abierta (risas), si el paciente acepta, pero yo en 45 minutos no puedo hacer nada. Eso fue lo que más me gustó. Aquí en el bosque, empecé a vincularme, a entender lo que quiere el bosque y qué entiende el bosque por bio-psico-social, y finalmente ya cuando dejé de dictar clases, por cuestiones de salud, me abrieron un espacio que yo aprecio mucho que es el espacio de acompañamiento al estudiante, y en eso estoy.

RP- Hablando de educación, ¿Cómo cree usted que se debe abordar al estudiante de medicina para que incorpore esa parte biopsicosocial, más allá de solo clínica, y hacer que la integre y la aplique?

EF- Otra pregunta difícil (risas), difícil porque para que el piso de biología no tenga tanta importancia, o mejor dicho, tenga la importancia que tiene, pero que se pueda entenderlo desde psico-social, es un camino muy largo. Se necesitaría, entre otras cosas, que la misma institución lograra una integración, a nivel de los programas docentes, no un paralelismo entre bio, psico y social, sino que de verdad se envolvieran, para que al estudiante le llegara ya la idea, de cómo en un ser humano, siendo mamífero -insisto en eso-, lo psico y lo social le puede modificar el cerebro, por ejemplo. Entonces pienso que esa tarea, que desde hace mucho tiempo se está realizando, el Dr Hugo Cárdenas, él tiene una persistencia espectacular en eso, pero es muy difícil de lograr porque cuando uno habla en psico, se desprende del cerebro, ¿sí?, cuando habla en social, habla de gente y no de una persona… es difícil, es muy difícil, me parece a mí que es muy difícil…pero es chévere.

RP- ¿Hasta hace cuánto tiempo fue usted docente?

EF- Uy, me la pusiste difícil, a mí ya se me olvidó, creo que hasta hace 6 o 7 años.

RP- En ese sentido, ¿qué diferencias cree usted que hay en la enseñanza en medicina cuando usted empezó a ser docente versus ahora?

EF- No, antes éramos bio, punto y coma psico, punto y coma psicosocial, punto y coma. O sea, entendíamos el mensaje, pero transferirlo a un programa fue de lo más difícil, y poquito a poco, fuimos aprendiendo y fuimos también experimentando cómo podía enlazarse una cosa con la otra. Sin embargo, hoy en día seguimos teniendo una bio muy poderosa, porque está muy bien estructurada, se está ensamblando muy positivamente, pero es evidente que lo psico y lo social, con conexiones que le faciliten al estudiante ese punto de vista… se está construyendo, pero es un camino difícil.

RP- ¿Cree usted que los estudiantes de ahora son diferentes a los estudiantes de antes?

EF- Por supuesto.

RP- ¿En qué sentido?

EF- En todos, en todos porque el mundo ha tenido un cambio. Pon tú un estudiante de hace 15 años, de allí para acá es un estudiante completamente diferente. El contexto que tenemos no sé qué le haya podido enseñar, pero tenemos un estudiante, por ejemplo, que, viniendo a una universidad privada, tiene una retroalimentación, como decían en los toros “pagamos y exigimos” (risas), es una realidad, y es un estudiante, primero que tiene un recorrido de memoria impresionante todavía, el nuevo aprendizaje de empezar a pensar lo estoy viendo apenas en los chiquitos, pero no… Sigue siendo el de memoria. Entonces tendríamos un memorista poderoso, una persona que de pronto en este momento, por ejemplo, por qué escoge medicina, y tenemos respuestas muy abiertas, que es porque quiero plata y estar bien, entonces es un tipo de médico que debe ser igualmente bueno, pero completamente diferente y el cuento de que somos clientes. Entonces es un tipo de estudiante diferente, eso no quiere decir que se le pudiera proponer estudiar la medicina como uno piensa que debería estudiarse, pero que es diferente, súper diferente.

RP- Su padre, Carlo Federici, fue un pionero en la matemática y en la educación en Colombia.

EF- En la lógica matemática, porque si me sueltas la lógica, no cabe (risas).

RP- ¿Qué imagen tiene usted de su padre?

EF- De mi padre tengo… ¿le puedo decir un chiste que es de familia?

RP- Claro.

EF- Bueno, entonces de mi padre tengo una imagen, que yo le decía a mi mamá, que mi padre era bígamo, que él tenía a mi mama, que fue el amor de su vida con dos hijas, que era su familia, pero que tenía (risas) una relación con la matemática (más risas), que era la otra familia, con todos los alumnos, que siempre tuvo, que fue muy afortunado porque tuvo unos alumnos muy brillantes, uno de ellos es Antanas (Mockus)…

RP- Y (Rodolfo) Llinás…

EF- Otro, Llinás…

RP- Y cuántos más…

EF- Muchísimos, de pronto que no tuvieron la resonancia ni de Llinás ni de Mockus pero que sí realmente fueron personas que asimilaron el mensaje, entendieron la diferencia, lo cruel es que el esfuerzo que el hizo, curiosamente lo estoy viendo en una cátedra que le dictan a mi bisnieta, que tiene 6 añitos, que le están enseñando a razonar y no a sumar y a restar, ella está en el Calasanz de Cúcuta, en ella veo que quedó algún rastro de eso, pero no el rastro que él hubiera querido dar, pues él dio la vida para eso y yo creo que no volvimos a la tierra por eso, porque el encontró aquí lo que estaba buscando entonces pues, por más que mi mamá se pusiera brava (risas) pues él tenía dos, nada que hacer (risas). Pero bueno, esa fue la historia.

RP- Dígame algo puntual que usted le haya aprendido a su padre.

EF- Puntual, nada. Todo, creo. La disciplina, la responsabilidad, me enseñó a montar a cicla, me enseñó a patinar, era campeona de los carritos de esos que ustedes no conocen, de balinera. Me enseñó a nadar y me enseñó a abrir un espacio para que uno mismo se responsabilizara, creo que eso fue una de las grandes enseñanzas que me dejó…matemáticas pocón pocón (risas), pero por culpa mía, no por culpa de él.

RP- ¿Qué consejo le daría usted a los nuevos docentes?

EF- Consejo, ninguno, porque la persona que escoge la docencia tiene que haberlo pensado muy bien antes, es una tarea, no es que sea difícil en el sentido de aprender cosas para transmitirlas, sino que el reto sigue siendo cómo transmitirlas y eso no lo hemos solucionado. O sea, yo veo aquí toneladas de cursos, con unos titulares que parece que van a solucionar el problema, el aprendizaje por este lado y… pero realmente, el docente tiene que ser una persona casi… apasionada, yo diría, para este tipo de tarea, entre otras cosas, porque económicamente es de las profesiones que menos da, entre otras cosas, que hoy en día es válido pensar porque se necesita, pero consejo, no.

RP- ¿Y a los nuevos estudiantes?

EF- No sé, que de lo que se quieran enamorar, se enamoren pero que lo hagan de verdad, verdad buscando algo que les dé satisfacción, y sobre todo que no se calibren por la nota. Aquí tenemos estudiantes de 3 que no son nada mediocres, pero sacan 3. Y tenemos unos cuantos, de 4.5-5, que sí, en el sentido de respuesta para la academia que se está dictando lo tienen, pero como seres humanos, pues…ahí van.

Autor

Rafael Pacheco Orozco

Médico cirujano de la Universidad Nacional de Colombia. Médico rural del Grupo de Investigación en Nutrición, Genética y Metabolismo, Universidad El Bosque.

Autor

Redacción Hablemos en El Bosque

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