Entrevista / Autor invitado
Daniel Ignacio Garzón Luna

Melifluo

Alika estaba sentada frente a la laguna, contemplando el reflejo de la luna sobre el agua. Alrededor de ella pequeños destellos de luz danzaban. 

 

Todas las noches, desde que tenía 12 años se sentaba frente a las quietas aguas que  proveían a su tribu, esperando pacientemente que la Luna le revelase la melodía tan anhelada. -Ya llegará, mi niña - Le decía su abuela mientras le trenzaba el cabello por las tardes. 

 

La joven suspiró y decidió meter los pies en el agua, estaba helada. Movía los pies suavemente, mientras miraba al firmamento. De pronto, un sonido de chapoteo la sobresaltó. Instintivamente sacó los pies del agua, y como había luna llena pudo ver claramente de qué se trataba.

... esperando pacientemente que la Luna le revelase la melodía tan anhelada.

- ¿Qué haces, mujer? - Una voz ronca y profunda le hablaba desde una corta distancia - ¿Acaso no te enseñaron los peligros de la noche? - Le preguntó la voz. 

 

Alika sentía que su corazón estaba tan agitado como las alas de un colibrí. -Si, señor cocodrilo- Respondió. - Es sólo que me encuentro cansada de las labores del día y quería reposar los pies… Pero… Ya me voy - Dijo con voz temblorosa. 

 

-!Oh no, no te vayas! - Le respondió el verde animal. - No te haré nada, Alika ¿Ese es tu nombre, verdad? - 

 

La joven retrocedió automáticamente al ver cómo se aproximaba el cocodrilo. 

 

- De verdad, no te haré daño, niña. - Afirmó con voz cansada el lagarto. - Me siento algo aburrido, ya estoy viejo y lo único que quiero es hablar un rato con alguien-. Alika seguía desconfiada. - Hace varios años que te observo mientras visitas a la Luna. Nunca te lastimé antes ¿Por qué lo haría ahora? - 

 

La muchacha se sorprendió, jamás se había percatado de la compañía del reptil. - ¿Por qué se acerca hasta ahora, señor cocodrilo? - Le preguntó.

 

-Bueno, tu pueblo y los míos nunca se han llevado muy bien que digamos. !Pero vamos! No me digas señor cocodrilo, me hace sentir anciano. Mejor dime Azalee. 

 

-¿Azalee? ¿Acaso usted canta? - Alika empezaba a relajarse, incluso permitió que el cocodrilo yaciera a su lado. 

 

-Si. Una noche de estas quizá le diga a mis primos que vengan conmigo y armemos un festejo a lo grande. - El animal le guiñó el ojo - Aunque, dudo mucho que después de esta noche regreses por estos lares, Alika. 

 

Eso sonó aterrador, el corazón de la joven se detuvo por un momento. “Nunca debí confiar en éste animal”, pensó, creyendo que la devoraría. - ¿A qué se refiere, Azalee? - Preguntó con voz temblorosa. 

 

-HA HA HA - Una risa profunda y pedregosa salió de la garganta del viejo cocodrilo. - No desconfíes más de mí, jovencita. Lo digo porque la Luna me ha contado tus preocupaciones. Aunque no lo creas, ella y yo somos amigos cercanos… y… como te dije, soy cantante. Así que hoy se te revelará lo que tanto has pedido-.

Alika no daba crédito a lo que estaba escuchando. Había escuchado historias de canciones reveladas por libélulas, cebras, nutrias, elefantes y hasta un chimpancé, pero nunca de un cocodrilo. De repente, un sonido bajo pero armonioso inundó el aire. Las luciérnagas que la acompañaban empezaron a alumbrar siguiendo la melodía. 

 

  • “Ashanti, Ashanti... Sirhan, hijo de la luna 

       Pequeño niño acunado por las estrellas

       Crecerás y en la Sabana dejarás tus huellas

       Ashanti, Ashanti… Hijo de África, valiente 

       Guerrero alegre, fruto de la música

       Nunca te faltará quien te aliente.

       Ashanti, Ashanti…. Hijo soñado, deseado

       Corazón de pastor, alma de fuego 

       La Luna ha respondido a tu madre el ruego”

 

Alika no podía creer lo que sus oídos escuchaban, su cuerpo se inundó de tanta emoción, que sin pensarlo dos veces besó el hocico del cocodrilo. - !Gracias Azalee! !Gracias Luna! !Gracias pequeñas lucecitas danzantes! - Gritó mientras giraba alegre sobre sus pies. Azalee, sonrió y cantó una vez más la canción para Alika. Esta vez la joven la cantó con él y cuando terminaron el dueto salió corriendo hacia su aldea. Entró a su choza y despertó a su esposo para contarle… 

 

Nueve meses después, la canción fue entonada por toda la tribu mientras Alika daba a luz un regordete bebé, a quien llamaron Sirhan. El niño nació con la mitad de su ceja y sus pestañas derechas blancas. 

 

-Besado por la Luna. - Dictaminó la abuela de Alika mientras lo arrullaba y lo llenaba de besos. - Ashanti, Ashanti… Sirhan. 

Autor

Daniel Ignacio Garzón Luna

Médico de la Universidad del Rosario, interesado en la Salud Mental, las Neurociencias y las Humanidades