Ciencia y tecnología
Carlos Castro Rojas

El enemigo oculto, insidioso y subestimado de la salud humana

En una época en la que la incidencia de enfermedades cardiovasculares repuntaba en la mayoría de los países económicamente desarrollados generando un elevado interés de las compañías farmacéuticas por el desarrollo de nuevos fármacos antihipertensivos, se publicó un estudio que demostraba que la restricción en el consumo dietario de sal generaba resultados similares que el tratamiento farmacológico con antihipertensivos en pacientes hipertensos (1). Como dato interesante, solo algunos años después se publicó un estudio realizado en población colombiana en la que se relacionaba el consumo crónico de elevadas cantidades de sal con otra enfermedad igualmente importante para la salud pública y que también mostraba indicios de ir en aumento, el cáncer de estómago (2).

Si bien el efecto negativo de la sal en el manejo de la presión arterial es bien conocido en el ámbito médico, la posibilidad de disminuir e incluso normalizar la presión arterial en pacientes hipertensos solo con la modificación de los hábitos dietarios debería ser suficiente para promover la restricción de la sal, incluso por sobre el uso de medicamentos y sus potenciales efectos secundarios. Más aún, la posibilidad de prevenir esta enfermedad con la modificación de los hábitos dietarios debería ser una justificación de peso como para promover la realización de más estudios al respecto en la población general.

...la restricción en el consumo dietario de sal generaba resultados similares que el tratamiento farmacológico con antihipertensivos en pacientes hipertensos.

Cuatro décadas después sin embargo, las enfermedades cardiovasculares se mantienen liderando las estadísticas de morbilidad y mortalidad en todo el mundo, el consumo de antihipertensivos bajo prescripción médica se mantiene en aumento y nuevas moléculas han llegado al mercado para reforzar el arsenal terapéutico para el tratamiento de esta enfermedad crónica. Los datos estadísticos que se reportan anualmente sobre la carga de enfermedades en la mayoría de los países solo servirían para confirmar la necesidad de contar con medicamentos más seguros y eficaces para el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares, de no ser por un estudio publicado este mismo año basado en el reporte de carga de enfermedades a nivel mundial del año 2017 y que apunta a un enemigo común: la sal.

Publicado en la misma revista que décadas atrás mostraba el efecto positivo de la reducción en el consumo de sal en pacientes hipertensos, este nuevo estudio muestra números dramáticos: se registraron 11 millones de muertes y 255 millones  de eventos relacionados a incapacidad ajustados por años de vida en la población mundial; todos ellos asociados a factores dietarios. El consumo de sal, junto con un bajo consumo de granos, frutas y verduras se evidenciaron como los principales factores atribuibles a la mayoría de las enfermedades (3).

Si bien el uso de sal como condimento culinario es extendido en todo el mundo, también es cierto que es relativamente fácil disminuir o incluso evitar completamente su uso principalmente cuando el consejo médico así lo indica y la voluntad y la razón superan al gusto y el sabor de los consumidores. Sin embargo es mucho más difícil evitarla cuando se oculta y se camufla, presentándose como un componente más, inocuo y a veces imprescindible de los alimentos procesados.

Hoy en día el aporte de sal en la dieta está representado principalmente en el consumo de alimentos procesados más que en su uso en la preparación de los alimentos que consumimos diariamente. El pan, el cereal del desayuno, las salsas y las comidas fritas de paquete incluyendo las populares papas fritas son solo algunos de los productos que brindan el medio adecuado para que la sal siga su camino triunfante hacia el deterioro de la salud humana, hacia la generación de grandes costos en la atención médica de los pacientes, incrementando las estadísticas sobre morbimortalidad en el mundo entero y generando ganancias importantes a dos grandes sectores de la economía, la industria de los alimentos procesados y la industria farmacéutica y todo ello con el aparente beneplácito de los gobiernos de turno.

Recientemente y superando grandes obstáculos, el parlamento mexicano aprobó la ley general de salud, que entre otras exigencias, contempla la obligatoriedad de incluir en las etiquetas de los alimentos procesados indicaciones claras sobre el contenido de sustancias potencialmente perjudiciales para la salud con frases como “con contenido elevado en...”, “contiene exceso de…” y otras similares que sirvan de advertencia para los consumidores, en un paso más para concientizar a las personas de la presencia de enemigos ocultos para su salud en lo que comen día a día. México se suma  así a otros países como Chile, Perú y Uruguay, que integran advertencias parecidas en sus productos alimenticios.

En nuestro país, sin embargo una iniciativa similar parece muy alejada en la práctica. A mitad de  este año un proyecto de ley que buscaba la protección al consumidor exigiendo advertencias similares sobre productos procesados y ultraprocesados terminó siendo archivado, sin siquiera ser debatido por el congreso de la república después de aparentes presiones de ciertos grupos de interés. Es claro  que, aunque esta no sería una solución definitiva al problema del consumo de alimentos con sustancias que tienen potenciales perjuicios para la salud, si se puede considerar un paso importante para empoderar a los consumidores sobre los beneficios/perjuicios para la salud de los alimentos que consume y principalmente para desenmascarar a un insidioso y fiel enemigo que parece estar destinado, y según este último estudio, bien decidido, a acompañarnos a la entrada al hospital y a la morgue: la sal.

 

 

Referencias

 

1.            Morgan T, Adam W, Gillies A, Wilson M, Morgan G, Carney S. Hypertension treated by salt restriction. Lancet. 1978;1(8058):227-30.

2.            Montes G, Cuello C, Correa P, Zarama G, Liuzza G, Zavala D, et al. Sodium intake and gastric cancer. Journal of cancer research and clinical oncology. 1985;109(1):42-5.

3.            GBD 2017 Diet Collaborators. Health effects of dietary risks in 195 countries, 1990-2017: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2017. Lancet. 2019;393(10184):1958-72.

 

Autor

Carlos Castro Rojas

Químico farmacéutico de la Universidad Nacional, magíster en ciencias, especialización en docencia universitaria, PhD en ciencias con énfasis en biología molecular e ingeniería genética de Universidad Autónoma de Nuevo León, Monterrey. Profesor asociado de la facultad de medicina de la Universidad El Bosque.