Cultura
Entrevista / Autor invitado
Carlos Julián Yaya Quezada

RESEÑA: #AClockworkOrange (1971)

Cada vez que inicia “La Naranja Mecánica“ me invaden escalofríos. Nada me causa más miedo que la cara de Alex DeLarge (Malcolm McDowell), el protagonista, en el primer plano de la película. Es una mirada despiadada que, a pesar de que la cámara se aleja de ella, continua dominando el espacio a su alrededor. Este joven y su pandilla, sus "drugos", visten de blanco y portan un sombrero, además de un protector en sus genitales que aumenta la presencia tan salvaje que tienen.

En el primer tercio de esta película, Stanley Kubrick me perturba; me hace sentir hipócrita. Soporto cualquier tipo de violencia en el entretenimiento que consumo, pero nada me impacta como las acciones de Alex DeLarge: golpea a un anciano por el hecho de estar solo e inútil en la calle, y batalla con una pandilla no porque se encuentren abusando de una niña, sino por la adrenalina de superarlos. Finalmente, para acabar la noche, Alex y sus drugos irrumpen en el hogar de un escritor, le inmovilizan y obligan a presenciar la violación de su esposa. Entretanto, Alex baila y canta "Singin' in the Rain”.
 

En el primer tercio de esta película, Stanley Kubrick me perturba; me hace sentir hipócrita.

Alex disfruta sus decisiones, disfruta su crueldad y, paradójicamente, no es ningún inculto. Beethoven es su pasión e imagina todo tipo de crímenes escuchando sus obras. Aquí se da el mensaje de que, no importa que tan educado sea un sujeto, es complicado hacerle decidir ser bueno por el bien de su comunidad.

Los temas de la novela de Anthony Burguess, recogidos con fidelidad por Stanley Kubrick, son mantenidos con fuerza en esta adaptación. Son en sí, muy provocadores y polémicos en cuanto a política. Atacando tanto la derecha, como a la izquierda, esta historia no cree en el Estado en ninguna de sus facetas: no tiene fe en un Estado que provee educación, si esta es utilizada para homogeneizar el contenido del cerebro de las personas; no cree en las instituciones, si estas son utilizadas para someter violentamente a las masas; tampoco cree en las iniciativas de bienestar creadas a partir de la medicalización pues atacan problemas de forma muy superficial sin negociar con la diversidad cultural o el imaginario juvenil.

Cuando la narrativa gira en torno a la voluntad de un ciudadano, tampoco hay una salida. El cruel Alex es convencido de participar en un experimento para reemplazar sus terribles costumbres con asco. Sometido a ver videos centrados en la guerra, el abuso sexual y el caos, Alex es obligado a sentir nauseas cada vez que se enfrenta a estas circunstancias. Tal vez, curado o no, buen miembro de la sociedad o no, y tal vez el mismo ser despiadado, Alex no llegó a la conclusión de que tenía que ser bueno para encajar; se le obligó a ser alguien que no es y a renunciar a su capacidad de decidir para cumplir con las exigencias de una sociedad con prioridades problemáticas.

Kubrick inmortaliza el contenido de la novela con una cinematografía poderosa en la que es posible encontrar simetría y belleza en las más violentas circunstancias. Infames momentos son llevados a cabo con admirables secuencias lentas, ejecutadas y musicalizadas del tal manera que terminan por hacerle creer a uno que el realizador de este filme esta justificando como positivas las acciones de su protagonista. No obstante, creo que detrás de tal incómodo espectáculo, la historia sí está argumentando algo.

Un ciudadano puede ser tan olvidado por la sociedad que solo demuestra su existencia cuando resulta ser un problema para su comunidad y una amenaza para el orden social establecido por la clase dirigente. Alex se convierte en una herramienta para un gobierno que quiere negociar su autoridad con las personas al intercambiar su libertad por la certeza de su seguridad. Alex es también el reflejo de una ciudadanía que no sabe de donde viene su ira, y que no diferencia los placeres que consume con el mundo que de verdad necesita.

Autor

Carlos Julián Yaya Quezada

Medico egresado de la Universidad del Rosario, candidato a salubrista y amante del cine.